viernes, julio 02, 2010

Es como andar en bicicleta

Después de 4 años de tan comentado accidente biciletero por fin volví a la carga. Ya me había subido a una bicicleta hace un año en Amsterdam, pero ahí las probabilidades de que te atropelle una si andas a pata comparada con las posibilidades de que un auto atropelle a una bici son como de 785.25 a 1, así que no cuenta.


Ya desde finales del verano pasado se me venía aclarando la idea de que después del accidente le tomé miedo. Nunca lo sentí, fue un asunto mas de pretextos, que si hacía calor, frio, llovía, que el bicicleta estaba abandonada, y cualquier otro tontería. Tampoco había logrado venderla, había algo que no me dejaba.


Así que este fin de semana saqué la bici de lo más recóndito del cobertizo, se había convertido en un complejo habitacional de arañas y sin aire. Me la lleve caminando hasta el lugar donde las arreglan. Ahí el tipo me pregunta ¿qué le pasa? y le digo que nada, que solo no la había usado en un buen rato. El tune up costaba 30 CAD y el tipo me dice que a mí me lo deja en $10. Ah bueno! y ahi el tipo bien anglosajón con cara de ex-presidiario me empieza a platicar en español mocho de sus muchas aventuras en un circo como cuidador de animales exóticos (nombre, con esa cara si te creo) y de como por su paso por Texas aprendió español. La verdad el tipo era bastante chido y bien weirdo. Me gustan las personas weirdas bien, de esas que lo llevan con orgullo. No me gustan los weirdos posers.

Inhala, exhala, inhala, exhala. Me subo a la bicicleta y a las .05 cuadras se me va la pata en un cambio (porque cuando uno hace las cosas con dudas siempre salen mal, si vas a hacer algo incluyendo una pendejada, hazlo con todo el corazón) y me pelo el tobillo como unas doce capitas. Se me veía el alma. Me bajé, cojeando a mi casa. Llegué y ni me quité el casco porque sabía que si me lo quitaba jamás me lo volvería a poner. Me lavé el chorreadero de sangre, polisporinazo, un curita tamaño familiar (gracias Johnson and Johnson) y para afuera otra ves.

Toma 2. Inhala, exhala, inhala, exhala y después de un principio vacilante empiezo a recordar porque antes del accidente disfrutaba tanto la bicicleta. Esos días de calor y sol, donde vas por las calles protegida por las sombras confetti y verdosas de los arboles, el vientecito fresco en la cara. Y sobretodo esa sensación de avance, de logro, que yo nunca siento cuando corro porque mi cuerpo empieza a hacer una relación costo/oportunidad y dice después de todo este esfuerzo llevo dos pinches km! uts peor nadando, acá toda motivada Brave Heart, they will never take our freeeedom!!! nomas para darte cuenta que vas a 1/8 de la alberca.

¿Cuántos miedos llevo escondidos como éste? Sin sentirlos, camuflajeados. ¿De cuántas cosas me he perdido por pretextos de que el día está así o la situación está asa? ¿Cuántos chingazos he hecho safo pero no he conocido weirdos chidos? ¿Cuántas cuadras he dejado de recorrer?

La analogía de las arañas me la guardo para mí.