martes, noviembre 28, 2006

Neblina...

Toronto tienen bastantes días con las nubes por los suelos. De todos lados parece que está a punto de salir un mago. A las luces de las calles les cuelga una capa de brillante y densa organza. Yo creo que Toronto está triste porque su amada nieve se fue a Vancouver... y todo por culpa del ozono. Por eso todos los días se sienta a ver su nublosa foto... Si la ven por allá regrésenla, aquí mis esquies la extrañan y no me gusta no ver mas allá de mis narices...

lunes, noviembre 13, 2006

Brujas contra calacas


Mi fiesta favorita mexicana es la de Dia de los Muertos. Así que estuve harto complacida al darme cuenta que en este país no se celebra el Cinco di Maio, como lo hacen otros países de cuyo nombre no quiero prenunciar.

Pero antes de platicar de nuestra celebración voy a platicar a otra que fui. Celebré el jalogüin muy tradicional, con los primero que los celebraron, con los Irlandeses musicosos y chelosos. El lugar de reunión era por supuesto un Pub. Un clásico Pub Irlandés con el piso de madera maltratado de tanto uso, bancos altos, una gran barra de madera, oscuro de a maiz e iba a decir decorado a lo irlandés, pero un Pub no se decora, ES irlandés o no lo es. El mesero nos ignoró un rato pero cuando pedimos un pint de cerveza nos contestó “Roight” ahí te das cuenta donde estás. Les debo las fotos porque pa´variar no llevabamos la cámara. Pero ahí les platico.
Al estilo de boda ranchera, cuando iba a empezar el show, movieron a los que estaban sentados junto al escenario. Primero un poco de mh.. yo lo definiría como trova celta –asi me suena, asi me suena, asi me suena-. Luego salen unas monitas, bastante cutes pero la neta pasadonas de peso aunque bailaban muy bien el riverdance al ritmo de una gaita bien farolera. Luego salieron otras, ya saben las típicas güeras pelirrojas, con el pelo largo medio rizado y esponjoso, con pequitas. Llevaban unas coronas de hojas de otoño. Para los irlandeses esta fiesta tiene que ver con la cosecha por supuesto, pero es también su año nuevo, cuando acaba el día. Al último cantó mi amiguita del francés que me invitó. Su flautita muy celta y su violín, me gustó mucho y eso que esos dos instrumentos no son de mis favoritos. Voy a buscar las dos rolitas y se las pasaré, hace mucho que no les pongo un poco de cultura… promise.

El domingo 29 tocó a los mexas. La tan esperada elebración del Día de los Muertos. El evento fue en uno de los foros más importantes de Toronto. Y según su director es la fiesta favorita. Y no lo dudo porque estuvo a reventar de güeros y prietos. Comí unos buenos tacos de carnitas. Me pasié por los tendidos de plata y calaveritas de azucar. Al mediodía tocaba el Mariachi Amigos, que aunque pocos sonaban bien. Ya había explicado mi situación sadomasoquita con mi ex novio México. Pues el muy desgraciado me trajo Serenata. Solo quien ha estado fuera de México sabe lo que se siente oír un Mariachi tan lejos del suelo en que hemos nacido. “Bésame besame muuucho, como si fuera esta noche la última veeeeez; piensa que tal vez mañana ya estaré muy lejos de tiii” ahiiii se me salieron las lágrimas, neta. El Son de la Negra y hasta Jesusita en Chihuahua. Siguió un grupo latino acá tipo Caifanes, me sentí re-oldie cantando Microbito y Terminal ADO. Luego me sentí en una dimensión desconocida porque -gruopies güeras: ídolo ñero- on toy! El último grupo fue unos Huastecos que se aventaban sus guapangos del Lago Ontario. Dieron talleres de composición de Calaveras en inglés, como hacer Guacamole y una muy hermosa exposición de Altares. Los güeros estaban fascinados y yo pienso que sería bueno que nosotros mismos nos apreciáramos como nos aprecian en el extranjero (no todos, tengo que reconocer que en este mundo hay mucho white trash).

Y ya para terminar pos nos juimos a pedir jalogüin con Lautaro (el único miembro infantil de la West Side Gang) y su equipo de nueve colaboradores adultos y la Bliss que andaba de abeja sin cintura. Pusimos a trabajar al chiquitín y saco dulces para todos. Nunca fui muy fan de ir a pedir dulces, pero la verdad me agradó bastante andar en la calle sin miedo, comerme los dulces sin desconfianza y sobretodo participar del entusiasmo de los dadores de dulces que se veían mas felices que los atiborrados chamacos...